domingo, 1 de mayo de 2011

POESÍA DE POSGUERRA

LA POESÍA DESDE LA GUERRA CIVIL HASTA HOY.

I. PANORAMA CULTURAL TRAS LA GUERRA CIVIL.

 En los años del gobierno de la II República (1931 - 1939) en España convivieron intelectuales, escritores y artistas inigualables. Esta EDAD DE PLATA, sin embargo, se vio truncada por la Guerra Civil. Al final de ésta, el panorama cultural es desolador: muerte, exilio, humillación o silencio.

                Por lo que respecta a la poesía, Lorca murió fusilado, Antonio Machado no pudo superar el exilio y Miguel Hernández moriría en la cárcel en 1942. Y el exilio por Europa y América se llevó a Juan Ramón Jiménez, Alberti, Cernuda, Salinas, Guillén y cientos de escritores más. Las consecuencias para la cultura española fueron sombrías: grandes escritores separados, incomunicados, con sus vínculos rotos y una tremenda nostalgia de su país.

                Los que quedaron en España, o se alinearon con la ideología y estética de los vencedores de la guerra (POESÍA ARRAIGADA), o permanecieron callados en un exilio interior, a la espera de tiempos más propició para gritar su dolor y su rebeldía (POESÍA DESARRAIGADA).

II. LA POESÍA DE LA POSGUERRA: LOS AÑOS CUARENTA.

                La poesía fue el género literario que antes se recuperó de las heridas de la contienda. El panorama poético del periodo es variado, pero podemos señalar dos grupos. Por un lado, el de la poesía arraigada; por otro, el de la poesía desarraigada.

                Respecto a la poesía arraigada, se centra en dos revistas, Escorial y Garcilaso. Ambas reúnen a poetas como Leopoldo Panero o Luis Rosales, que apuestan por una poesía de moldes clásicos (el soneto). Los temas inciden en la nostalgia de los tiempos del Imperio español o reflejan vivencias amorosas o religiosas con un tono íntimo.

                En cuanto a la poesía desarraigada, presenta la angustia y la desazón ante las consecuencias de la Guerra. Se inicia con dos poetas del 27: Dámaso Alonso con hijos de la ira, y Vicente Aleixandre, con sombra del paraíso. El primero impactó con sus versos largos y con sus palabras antipoéticas llenas de rabia y angustia, en los que mostraba el malestar existencial de la posguerra española y pedía cuentas a Dios por tanto dolor. El segundo es una exaltación de la naturaleza que el ser humano se empeña en destruir. Según Aleixandre, el mundo podría ser un paraíso, pero existe algo en los seres humanos que les incita a destruirlo.

                dentro de la poesía desarraigada, además, tuvo importancia la revista Espadaña, dirigida por Victoriano Cremer y Eugenio de Nora, defendiendo una poesía comprometida con los problemas del ser humano y una forma poética más directa y menos retórica, con lo que critica la lírica arraigada. A esto se suma un grupo de autores que crean una poesía de corte existencialista y de tono patético, BLAS DE OTERO Y GABRIEL CELAYA, aunque evolucionarán en los años cincuenta a una poesía social y más comprometida.

III. LA POESÍA SOCIAL DE LOS AÑOS CINCUENTA.

                En torno a los cincuenta, aprovechando una cierta relajación de la censura (apertura de la Dictadura por pactos con EEUU), surge la llamada POESÍA SOCIAL. Para los poetas que la cultivan, la poesía debe ser un medio que contribuya a cambiar la sociedad. Los poemas no deben centrarse en sus problemas individuales, sino inmiscuirse en los asuntos de la mayoría, especialmente de los seres humanos que padecen injusticias y desigualdades. Así que se presenta un inconformismo ante el mundo y una eliminación del patetismo característico de la poesía anterior.

                De manera que los temas más habituales serán la denuncia de la alienación y de la deshumanización, el testimonio de la pobreza del ser humano, el ansia de paz y de la superación del odio causado por la guerra y la invitación al compromiso poético.

                La poesía social, desde el punto de la vista de la forma, se caracteriza por la sencillez del lenguaje, cercano al registro coloquial o conversacional, cuyo objetivo principal es ser comunicable y comprensible.

                Poetas importantes de esta tendencia fueron Blas de Otero (Pido la paz y la palabra) y Gabriel Celaya (Cantos íberos). También debemos incluir parte de la producción de José Hierro (Cuanto sé de mí).

IV. LA POESÍA DE LA EXPERIENCIA DE LOS AÑOS SESENTA.

A mediados de los cincuenta, aparece un nuevo grupo de poetas que se consolida  en la década de los sesenta. Su concepto de la poesía es distinto, pues ya no es sólo una comunicación con los demás, sino también un medio de conocimiento de la realidad. De ahí que den importancia al cuidado del estilo.

Se compone por dos escuelas: la catalana (Gil de Biedma - Poemas póstumos -, Goytisolo - la memoria y el signo -, Carlos Barral - diecinueve figuras de mi historia civil -) y la madrileña (Ángel González - tratado de urbanismo - - blanco spirituals -, Claudio Rodríguez - don de ebriedad -, Félix Grande). Sus primeros libros reflejan la influencia de los poetas sociales. Pero su trayectoria se desvía hacia el intimismo y hacia la expresión de la experiencia individual; por eso se suele  emplear la denominación de la poesía de la experiencia. La amistad, el amor, el trabajo, la infancia como paraíso perdido, los aspectos cotidianos de la vida personal constituyen los temas de su poesía. Sin embargo, su punto de vista distanciado es la causa de un tono escéptico o irónico algunas veces.

Otra diferencia con la poesía social es el tratamiento del lenguaje: se busca un estilo personal, en el que el humor y la ironía, las citas de lecturas y canciones generen sensación de una conversación íntima con el lector.

V. LA IRRUPCIÓN DE LOS NOVÍSIMOS EN LOS AÑOS SETENTA.

                 En 1970, el crítico Castellet publicó una antología titulada Nueva novísimos poetas españoles. Los nueve poetas incluidos fueron: Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez. Félix de Azúa, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Guillermo Carnero, Ana María Moix y Leopoldo María Panero. Sin embargo, no aparecen todos los poetas del momento, sino que seleccionó a los que más cambio suponía respecto a la poesía anterior.

                En los temas de esos poetas ocupa un lugar muy importante la cultura de los medios de comunicación de masas. Su tradición literaria es distinta: admiran la poesía extranjera; de Octavio Paz o César Vallejo y reciben alguna influencia de Aleixandre, Cernuda o Gil de Biedma.

                Reniegan del realismo e introducen en su estilo elementos experimentales tomados de las vanguardias (escritura automática, collage) o del Modernismo (gusto por lo exótico, por el ritmo del lenguaje, por el léxico cuidado).

                Respecto a la temática, al no ser niños de la guerra, no les preocupa. Su temática se organiza en dos grupos: por un lado, los temas públicos, como la Guerra de Vietnam y la sociedad de consumo; por otro, los personales, como la infancia o el amor.

VI. LOS ÚLTIMOS AÑOS.

                Desde 1975 se advierte un cambio. Se frenan los excesos culturalistas y se marcha hacia una poesía más personal e intimista. Surgen numerosos poetas jóvenes, por menor gusto por el vanguardismo.

                Es difícil establecer las tendencias de la poesía, porque es posible encontrar representantes de poéticas variadas y dispares. A esto se suma el hecho de no poseer perspectiva histórica.

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