lunes, 20 de diciembre de 2010

ORÍGENES DE LA NAVIDAD.

A continuación os presento un artículo que escribí para una revista cultural hace ya años. Espero que os guste.
A penas queda una semana para la reunión familiar de Noche buena y la apertura de los regalos que en Navidad se ha molestado en traernos el considerado Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás. Pero ¿cuál es el origen de la celebración? ¿Cómo y cuándo surgió la idea de decorar los árboles, de colocar portales de Belén, de cantar villancicos y enviar a tarjetas a nuestros seres queridos? A continuación, solucionaremos estas dudas.


            El término “Navidad” procede del latín NATIVITAS, que hace referencia al nacimiento, concretamente al de Jesucristo. Sin embargo, la celebración del nacimiento del héroe cristiano es relativamente reciente, pues, al principio, sólo se veneraba su muerte.


No obstante, ya desde antiguo se festejaba en estas fechas por religiones paganas el solsticio de invierno. Lo que hizo el cristianismo, como en muchos otros asuntos, fue adoptar motivos paganos. Por ejemplo, el suceso del Diluvio Universal procede de un mito griego. Pues con las celebraciones de diciembre ocurre lo mismo. No se sabe a ciencia cierta cuándo nació Jesucristo – las Sagradas Escrituras no lo indican-, pero en el siglo IV la Iglesia Católica decidió honrar oficialmente el nacimiento  de Jesucristo, aprovechando las religiones paganas, que celebraban el día más corto.

 Entre esas religiones es posible destacar tanto  la egipcia como la romana. La cultura de las pirámides llevaba a cabo sus festejos a principios de enero. Los romanos, en cambio, lo hacían sobre todo en diciembre, siguiendo, por lo visto, una costumbre etrusca. Se honraba al dios Saturno en unos festejos que duraban siete días (entre el dieciocho y el veinticuatro). Los ciudadanos del imperio romano, como buenos mediterráneos, gustaban de grandes celebraciones, con banquetes, bailes y reuniones con amigos, aunque al final solían terminar en orgías. En estas fechas se hacían regalos a las personas queridas, e incluso se ofrecían presentes al estilo de las cestas de Navidad actuales junto a un escrito que deseaba lo mejor al ofrendado. Dicho escrito podía salir de la mano del ciudadano que hacía el regalo o éste contrataba los servicios de un poeta, quien, con la ayuda de la musa, escribía unos versos para la ocasión. Sería algo así como contratar a Antonio Gala a fin de que escribiera unos bonitos versos en una tarjeta navideña dirigida a nuestros seres queridos. Claro que esto sólo podía permitírselo un rico patricio. A pesar de todo, las felicitaciones navideñas tal y como las conocemos hoy en día parecen iniciarse en la Gran Bretaña del siglo XIX.


            En las tribus del norte de Europa se celebraba Yute, momento en el que se creaban decoraciones con ramas y cintas –al estilo a las que colocamos en la puerta de entrada a la casa- y las quemaban con el fin de pedir que el sol brillara más.

Así que, aunque la celebración del nacimiento de Cristo no se llevaba, usualmente, a cabo en el origen del cristianismo, acabó por hacerse oficial gracias a San Juan Crisóstomo, que aprovechó otras religiones anteriores.

Ya hemos visto de dónde procede la tradición de los regalos; pero ¿por qué se colocan bajo el árbol y por qué hay un árbol? Son las tribus nórdicas las artífices de dicha tradición. Imaginemos un poblado de estas tribus semejante a la de los indios americanos; es decir, con tiendas parecidas. En la zona abundaba el tipo de planta que ahora preside nuestros hogares en Navidad. La creencia de estas tribus consistía en considerar las setas que surgían bajo estos árboles un manjar que conseguía que el que la comiera se comunicara con los dioses. Era un regalo. Y estas plantas eran colocadas en el centro de la tienda, bajo un hueco que había en la parte superior, que no sólo servía para la huída del humo, sino para la visita astral. Hacia el año 200 después de Cristo, había un árbol en cada hogar de los países del norte, pero no empezaron a decorarse hasta en el siglo XVII en Alemania, desde donde se extendió al resto del mundo ya en el XIX.


¿Quién se toma la molestia de cometer un allanamiento de morada y dejarnos regalos bajo el árbol? Seguro, lector, que sabes la respuesta. La dificultad radica en cómo denominarlo: Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás. No es que este hombre padeciera personalidad múltiple, sino que depende de la zona y lugar del globo terráqueo. Entonces, existen numerosas tradiciones, aunque Coca Cola fundió unas cuantas para caracterizar su Papá Noel en la década de los años treinta del siglo pasado. Parece que la principal figura histórica en la que se basa este personaje es San Nicolás, un religioso del siglo IV. Lo que se sabe de él es gracias a la biografía elaborada por el Arzobispo de Constantinopla, quien afirmaba que este hombre pertenecía a una familia rica, pero él aprovechaba su fortuna en donaciones a los menos favorecidos y a los niños, a los que obsequiaba con dulces y regalos. Su generosidad dio lugar a su veneración en diferentes templos – desde el siglo VI- de Rusia, Grecia y Turquía, de donde era nativo, aunque en la época en la que vivió pertenecía a Grecia. No obstante, la imagen que tenemos de él -  anciano bonachón, barbiblanco y con traje rojo y blanco que viaja en un trineo tirado por renos- parece ser invento de Coca Cola, aunque teniendo muy presente las tradiciones. De hecho, el rojo y el blanco viene de Nika, dios pagano de otra tradición, la de los Países Bajos, que asegura que Santa Claus era de origen español. Lo que se sabe a ciencia cierta es que murió el seis de diciembre, y muchas culturas veneran este día, aunque la mayoría lo traslada a las fechas en las que se celebraba la saturnal (veinticuatro y veinticinco, entre otros).



Ya en la Edad  Media, una vez estaba establecida la celebración de la Navidad, surgió la colocación de los llamados belenes. También debemos a la denominada época oscura la creación de los villancicos navideños. El villancico en sí era una construcción poética popular que no sólo trataba temas navideños, sino otros, sobre todo amorosos y jocosos. Sin embargo, con el paso del tiempo, lo que tan sólo constituía un subgénero de los villancicos, se transformó en la estrofa navideña por excelencia, sobre todo a partir del siglo XIX, momento en el que se crearon nuevas composiciones de este estilo.




En cuanto a los manjares de esta época, destaca el turrón. Aunque muchos se disputan su creación, se cree que surgió de las manos de los árabes que se encontraban en España. Además del cordero, los banquetes navideños pueden estar presididos por el pavo. Éste comenzó a aparecer en las celebraciones cuando, en el XVI, los indígenas aztecas ofrecieron el manjar a Hernán Cortés. Parece que el conquistador se chupó los dedos con el banquete, decidiendo repetir en Navidad.

Ya que hemos cruzado el charco, es interesante mencionar que la primera celebración de la Navidad en América tuvo lugar en 1492, el mismo año del Descubrimiento. Ocurrió que, tras sufrir un accidente con la Santa María, los indígenas de La Española (actual República Dominicana y Haití) ayudaron a los españoles a construir un fuerte con los restos de la nave. La edificación concluyó el 25 de diciembre.

Hasta aquí hemos hablado de las celebraciones y festejos en familia; pero la Iglesia Católica también honra el nacimiento de Cristo. Y lo hace la noche del veinticuatro a las doce en la llamada Misa del Gallo, rito que procede de Jerusalén. Allí se dan tres misas: la de la noche, recordando el nuevo nacimiento; la del amanecer, que se refiere a la resurrección y la del templo, la más importante del día.

Antes de concluir, debemos advertir que no siempre fue bien considerada la Navidad. Por ejemplo, en el origen del cristianismo, la Iglesia afirmaba que sólo los viles celebraban el nacimiento. E incluso, fue prohibida por lo puritanos de Gran Bretaña en el siglo XVI, hasta que Carlos II la recuperó.

Es evidente que existen muchas más curiosidades sobre la Navidad – sobre Noche Vieja y Año Nuevo y sus supersticiones ya os estoy preparando otro artículo), pero espero que este extenso texto haya servido para solucionar algunas dudas y para comprender que, en realidad, es una fusión de culturas y religiones –Estados Unidos en realidad, no se ha inventado nada, sino que procede de los albores de la civilización occidental-. Una fusión que toma los mejores sentimientos de los seres humanos y recuerda que, a pesar de nuestras diferencias, todos procedemos del mismo lugar y somos la misma cosa. ¡Feliz Navidad!