sábado, 7 de noviembre de 2015

FUNCIONES DE LA LENGUA.


Las funciones de la lengua son las intenciones que tiene el hablante a la hora de crear su mensaje. Existen seis funciones lingüísticas: representativa o referencial, expresiva o emotiva, apelativa o conativa, fática o de contacto, metalingüística y poética o estética.

La función representativa o referencial aparece cuando el hablante pretende informar sobre una realidad de manera objetiva, clara y precisa.  Para ello emplea los siguientes recursos lingüísticos: entonación enunciativa, tercera persona gramatical (él, ella, ello), modo indicativo, sustantivos concretos, topónimos, entre otros. Los tipos de textos donde aparece dicha función son los documentos, informes, noticias, textos científicos y descripciones, entre otros.

Un ejemplo de función referencial sería el siguiente: el tren sale a las cinco de la estación.

Respecto a la función expresiva o emotiva, el emisor pretende transmitir el punto de vista subjetivo: valoraciones, emociones y sentimientos. Para ello emplea especialmente  los siguientes recursos lingüísticos: exclamaciones, interjecciones, primera persona gramatical (yo, me), diminutivos, adjetivos valorativos, modo subjuntivo. Esto lo podemos observar en opiniones, cartas, autobiografías, diarios, artículos de opinión, entre otros.

Un ejemplo de la función expresiva puede ser el siguiente: ¡qué día más feliz!.

En cuanto a la función apelativa o conativa, el emisor pretende llamar la atención del oyente para influir en su comportamiento, empleando los siguientes recursos lingüísticos: entonación exhortativa, segunda persona gramatical (tú, usted), vocativos, modo imperativo. Aparecen en instrucciones, órdenes, e instrucciones durante el tiempo de emisión.

Un ejemplo de la función apelativa puede ser el que aparece a continuación: Antonio, siéntate bien.

Si pasamos a la función fática o conativa, el emisor pretende comprobar si el canal está abierto y funciona correctamente; es decir, el hablante  se asegura de que el mensaje llega al destinatario mediante interrogaciones y clichés: ¿sí?, ¿hola?, probando…

Por ejemplo podemos presentar los siguientes. ¿oiga?, ¿me escuchas?, ¿me entiendes?

Respecto a la función poética o estética, el emisor se centra en la forma del mensaje con la intención de apartarse de la forma con que se elaboran habitualmente los mensajes para producir un efecto de belleza y extrañeza. Lo consigue empleando recurrencias, repeticiones, rima, recursos retóricos, riqueza léxica, infracciones gramaticales, desorden sintáctico en textos literarios y publicitarios.

Un ejemplo sería el siguiente: <<cuando las estrellas clavan rejones de agua gris>> (Lorca).


Por último, la función metalingüística se centra en el código, pues el emisor utiliza el código (especialmente la lengua) para explicar las características y funciones del mismo, mediante el uso de comillas o tecnicismos lingüísticos en libros de texto, diccionario o gramáticas. Por ejemplo: cefalea significa “dolor de cabeza”.

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